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El Carnaval de la Calle Ocho, la celebración hispana al aire libre más grande y famosa en Estados Unidos, atrajo ayer con altas dosis de alegría y entretenimiento, a una multitud ávida de festejar con espectaculares conciertos musicales, una variada oferta gastronómica y actividades para la familia entera.

En su edición 31, el festival callejero que organiza anualmente el Club Kiwanis de la Pequeña Habana no sólo colmó las expectativas de los asistentes, sino que también dejó a más de uno con las ganas de repetir la jornada de inigualable sello latino, bailando hasta la última canción de la cita dominical, como lo hizo Tiburcio Caraballo.

''¡Esto es pura vida!'', exclamó Caraballo, un cubano de 54 años, que no hace mucho llegó exiliado y que ayer parecía estar dando lecciones gratuitas de baile a los jóvenes, acaso más dispuestos a mover el cuerpo con reggaetón, el sonido de moda.

''Lo importante es que nadie se aburra y que todos la pasemos bien'', acotó Caraballo.

A pesar de que este año el Carnaval redujo ligeramente su tamaño y eliminó algunas cuadras debido a la crisis que afecta a todos los rincones de la nación y el presupuesto de las familias, los organizadores no escatimaron esfuerzos a la hora de ofrecer un menú variado de musicales y poner a disposición del público más de un centenar de puestos de comida y bebida a precios accesibles.

Los sabores de la cocina y sitios de degustación hicieron imposible que algunos de los visitantes lograsen cumplir con los rigores de la dieta o al menos calmar el apetito.

''La comida es parte de la fiesta y privarse de estos platos sería un pecado. No me lo perdonaría'', comentó entre risas la turista venezolana Nilda Vergara, de 25 años, mientras saboreaba una típica arepa de maíz.

La muchacha estaba junto a un grupo de amigos que participó alegremente de la ''Conga Ye'', una comparsa abierta al público que atravesó varios tramos de la Calle Ocho con sus contagiantes ritmos y mezclas tropicales.

El implacable sol floridano y el mar de gente que desde muy temprano abarrotó cada espacio de la avenida 11 a la 27 del suroeste de Miami, no fueron impedimento para aquellos que llegaron cerca del cierre de la fiesta callejera, que culminó a las 7:00 p.m.

Artistas de talla internacional como Melina León, el dúo de reggaetón Baby Rasta y Gringo, y el intérprete cubano Rey Ruiz --Rey del Carnaval Miami 2009-- fueron los platos fuertes de una celebración masiva que ha llevado el nombre de Miami a un nivel en el que la fusión de culturas y su particular modo de celebrar las raíces latinoamericanas son sus mejores cartas de presentación.

Los Kiwanis, además de hacer bailar a medio mundo y recolectar fondos de ayuda para sostener diferentes proyectos de alcance social en favor de la juventud del sur de la Florida, también puso a prueba a la comunidad en general, instalando 200 contenedores especiales en todo el área del festival para así alcanzar la mayor iniciativa de reciclaje de los hispanos en un sólo día y un sólo lugar.

''Hace 15 años que vengo al Carnaval y cada edición es una nueva sorpresa'', dijo Gilda Díaz, una afanosa bailarina de salsa refiriéndose al reciclaje.
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